María, Marta,
no la digna ni la santa,
la que los polvos lehania,
la que las palomas espanta,
la que entrando en el Monte Taburón,
con tres cabras negras encontró,
tres cucharas de cacha negra cogió,
tres negros quesos quajó,
en tres platos negros los hecho,
con tres cuchillos de rachas negras los cortó,
con tres diablos negros los conjuró,
y así te conjuro yo.


