Oh, Glorioso Roque!,
a quien el Padre Todopoderoso
concedió la gracia especial
de librar de la peste a los pueblos afligidos
con tan espantoso azote;
Cuya virtud fue objeto de admiración
en la misma Roma,
a donde fuisteis
cuando estaba tocada de aquel mal,
empleando vuestro valimiento con el Señor
para que de Él la librase,
como así lo hizo;
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