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sábado, 3 de agosto de 2013

OBATALA EL ORISHA CREADOR DE LA HUMANIDAD



 

Obatalá Orichanlá es el orisha más importante del panteón yoruba, ya que juega un papel muy decisivo en la creación.
 
Obatalá es uno de las pocas divinidades conocidas en toda la región yoruba y aún fuera de sus límites, algo que no sucede con el culto de otros orishas.
 
El nombre Obatalá es una contracción de la frase Oba-ti-o-nla (el rey que es grande)...

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Otra interpretación etimológica del nombre Obatalá deriva esta palabra en la frase Oba-a-ti-ala (el rey que se viste de blanco). El nombre Orichanlá está formado de dos palabras: la primera es orisha (dios) y la segunda nla (grande). Este dios, es, sin duda, muy antiguo.
 
Todos los mitos y tradiciones orales lo señalan como hijo de Olodumare. Aunque algunas informaciones dicen que Obatalá nació en Igbo y reinó en lranje, lo que pudiera interpretarse como uno de los muchos casos en la religión Yoruba en que un personaje histórico es deificado, esas mismas tradiciones explican que Obatalá es un dios de los cielos. Según ellas, Obatalá vino a la tierra por encargo de la Deidad. Ningún mito, ninguna información relacionan a este orisha con un personaje histórico; como sucede con el dios del trueno Changó.
 
Según el mito:
 
Olodumare creó al mundo, que en sus orígenes no era más que un gran pantano lleno de marismas y de animales salvajes. Los orishas solían bajar al mundo por medio de grandes telas de araña. Venían a estos pantanos con el propósito de cazar y de entretenerse explorando estas áreas desconocidas. Estonces se le ocurrió a Olodumare la idea de crear la tierra sólida. El Ser Supremo, llamó a Obatalá y le entregó un puñado de tierra seca contenida en el carapacho de una babosa. También le entregó un pollo de cinco dedos y una paloma.
 
Obatalá bajó al mundo en busca del lugar apropiado para echar puñado de tierra seca. El lugar escogido se llamó Ifé. Una vez que hubo derramado la tierra, soltó al pollo y a la paloma quienes inmediatamente empezaron a regar la tierra en todas las direcciones hasta que gran parte del pantano quedó cubierto.
 
La creación de la tierra tomó cuatro días. El quinto fue dedicado a adorar al Ser Supremo y a descansar. Como Olodumare quedó muy satisfecho con la labor de Obatalá, lo mandó de nuevo a la tierra para que la poblara y embelleciera. Esta vez Obatalá iba acompañado por Orúnmila, el dios de la sabiduría y de los oraculos. Los dos orishas trajeron varios árboles, entre ellos la palma. También trajeron a un grupo de seres humanos creados por Olodumare para poblar la tierra. Al frente de estos primeros pobladores iba un hombre llamado Ore-luere.
 
A Obatalá, como a la Deidad, se le da el título de Eleda ( el hacedor) en reconocimiento de su rol como creador de la tierra sólida. Más tarde, Olodumare le asignó una función de mayor importancia y trascendencia:
Obatalá sería, desde entonces y por todo el futuro, el creador de las formas físicas del ser humano. Olodumare se reservó el poder de darles vida, pero Obatalá se convirtió en la divinidad escultora de la forma humana, que debía moldear en barro. Por eso él es Alamo Rere (el que trabaja con el mejor barro y moldea los cuerpos humanos). Esa es la razón por la que cualquier imperfección física que tenga una persona al nacer es considerada como debida a un castigo o descuido de Obatalá. Por ello, las personas que tienen defectos físicos deben dedicarse al culto de este dios, sobre todo los albinos, a quienes se les llama Eni orisha (los votarios del orisha).
 
Las mujeres en estado frecuentemente le hacen ofrenda a Obatalá y cuando la mujer acaba de hacer su ofrenda el sacerdote le dice: Ki oricha ya na re ko ni o (que Orichanlá nos haga una buena obra de arte).
 
Obatalá es el dios de la paz y el orden y el protector de las puertas de la ciudad en cuyas entradas se coloca su imagen como caballero con lanza, atendido por una serpiente, una tortuga, un pez y un leopardo.
 
Obatalá es el orisha de la seguridad, lo llaman Adimula (al que se le tiene por seguro). El es llamado Obata Arugbo (el antiguo rey padre) refiriéndose a su carácter de rey y padre de todos los orishas. También se le llama Ibikeji Edumare (el Diputado de Olodumare).
 
Frecuentemente los dioses acuden a él para que interceda en su favor ante Olodumare. El título Alabalese (el Proponente que lleva el cetro) pertenece a Olodumare pero frecuentemente se le da a Obatalá, pues de acuerdo con un mito, cuando bajó a la tierra Olodumare le entregó Odu (la suprema autoridad) para que sus mandatos fueran obedecidos por todos, incluso por los dioses.
 

 
 
Los Yoruba representan a este dios como a un viejo respetable, bondadoso y autoritario siempre vestido y adornado de blanco. En Ilé Ifé se conservan muchas imágenes de Obatalá; en muchas de ellas aparece acompañado de su esposa Yemowo. En esa ciudad, Obatalá, personifica al cielo y Yemowo, al agua, formando la pareja creadora. En otras partes de Yoruba, Obatalá, el cielo, es el esposo de Oduduwa, la diosa de la tierra.

 
 
 
En diferentes partes de Yoruba se le conoce con nombres distintos, aunque su culto y atributos en todas partes son muy similares. En la ciudad de Ifón lo llaman Olufón. En Owú le dicen Oricha-rowu. En Oba lo adoran bajo el nombre de Oricha Oloba. En Ijay le dicen Oricha Ijaye. En Ketou le dicen Ayágguna, en Ejigbo lo llaman Ochagiyan. En Ilé Ifé, la ciudad sagrada de los Yoruba, se le adora con tres nombres distintos según el barrio de la ciudad donde se le venere. Así se le conoce con nombres de Oricha Ideta, Oricha Akire y Oricha Ijugbe. La importancia de este dios es tal, que el Oni, príncipe sacerdote de Ilé Ifé y jefe espiritual de todos los Yoruba debe presentarse a Obatalá el día de su coronación para recibir del rey de los dioses el cetro de autoridad que lo convierte en gobernante divino.
 
Los templos de Obatalá están pintados de blanco, blancas son las cuentas de su collar y sus emblemas están guardados en recipientes de este color que simboliza la pureza. Todos sus sacerdotes y sacerdotisas han de ir siempre vestidos y adornados de blanco. Sus sacerdotes y seguidores sólo pueden comer comida blanca cocinada con mantequilla de Chea y nunca pueden ser cocinados con el aceite rojo de la palma.
 
El agua de sus templos ha de cambiarse todos los días. Una mujer virgen o una anciana de buena reputación, son las encargadas de ir a buscar el agua de mañana bien temprano a un manantial. Han de coger esta agua purísima antes que persona alguna haya maculado con su presencia la pureza del manantial. Con frecuencia y haciendo referencia a este aspecto de su culto se dice de sus seguidores : «Su vida debe ser tan clara como el agua que se recoge del manantial temprano en la mañana».
 
A este dios se le debe ofrecer la variedad blanca y amarga del coquito de Kola, la roja no se le puede ofrecer ni la pueden comer sus seguidores. El vino de palma es tabú para él y para sus fieles, pues según el mito, Obatalá se vio envuelto en graves dificultades por beberlo.
 
Obatalá, como se puede apreciar, es el orisha más importavnte del panteón Yoruba. Como a la Deidad no hay que rendirle culto, toda la actividad religiosa se vierte en los orishas y principalmente en Obatalá, el Vice-Regente de Olodumare. El papel tan importante que desempeñó en la creación de la tierra y de los hombres, los atributos excelsos que posee, su relación íntima con la Deidad, parecen indicar que hubo un proceso de desplazamiento de la Deidad por su hijo Obatalá.

 
Patakí de Obbatalá
 
Cuentan que gobernando Obatalá en la tierra ocurrió que la muerte, Ikú, Ano la enfermedad, Eyó, la tragedia, Ofó, la vergüenza y Eyé, la sangre, tuvieron mucha hambre porque nadie moría, ni se enfermaban, ni peleaban, ni se abochornaban, resultando que el bien de uno era el mal de los otros. Entonces Ikú, Ano, Ofó. Iña y Eyé decidieron para subsistir atacar a los súbditos de Obatalá. Obatalá toda prudencia aconsejó a los suyos y les prohibió que se asomasen ni a las puertas ni a las ventanas, ni salieran a las calle por nada. Y para calmar a Ikú , Ano, Oló y Eyé les pidió que tuvieran calma, pero el hambre que sufrían ellas ya era atroz y decidieron salir a las 12 día, con palos y latas, produciendo un gran estruendo por todo el pueblo. Y las gentes curiosas se asomaron sin pensar a las ventanas. Ikú aprovechó y cortó gran número de cabezas. Luego a las 12 de la noche volvió a oírse un ruido ensordecedor los imprudentes salieron a las calles y otro se asomaron a las puertas y ventanas. Nuevamente Ikú cortó gran número de cabezas. Desde entonces a las 12 del día y a las 12 de la noche: Ikú, Ofó, Iña y Eyé rondan la calles en busca de víctimas, mas, las personas juiciosa a esas horas se recogen en sus casas implorando a Obatalá que las proteja.
 

 
 
 
 
 
 
 

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